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No los llames "buhoneros inmobiliarios": son intrusismo oportunista

Contraste entre el esfuerzo del comercio informal y el intrusismo oportunista en el sector inmobiliario. www.managerinmobiliario.com
Esfuerzo informal vs. Oportunismo inmobiliario: Llamemos a las cosas por su nombre

Por Teresa Salas Soluciones Inmobiliarias S.A.


¿Usas el término "buhonero inmobiliario"? Es hora de dejar de hacerlo, pero no por las razones que imaginas. Mientras el comerciante de la calle arriesga su propio capital bajo el sol y la lluvia, el intruso en bienes raíces opera desde la comodidad del mínimo esfuerzo, poniendo en riesgo el patrimonio ajeno. En este artículo desarmamos una analogía injusta y señalamos el verdadero peligro del sector: el intrusismo oportunista.


El sol de la tarde cae sobre el pavimento del Bulevar de Sabana Grande. Es un río de gente donde se mezclan pasos apresurados, conversaciones al aire y el eco de los comercios. Caminar por aquí siempre me ha parecido un ejercicio de observación fascinante; cada esquina cuenta una historia de resistencia y adaptación.


Mientras avanzo, me detengo un momento a observar a una mujer. Está bajo un toldo rústico, desafiando el calor sofocante del día. Con una precisión casi coreográfica y una sonrisa que denota un orgullo inquebrantable, organiza su mercancía: alinea cada pieza con simetría, limpia su espacio y al verme pasar anuncia "Si hay punto de Venta y Pago Móvil" Al lado veo, un cuaderno manuscrito en donde lleva la contabilidad impecable de su día.


Ella no solo espera clientes; gestiona un micro-negocio bajo el sol y la lluvia, expuesta a la incertidumbre de la calle y arriesgando su propio y limitado capital. Hay método, inversión y una dignidad inmensa en su esfuerzo diario por llevar el pan a casa.

Vaya una aclaratoria necesaria: con esto no pretendo, bajo ninguna circunstancia, romantizar el buhonerismo ni justificar las profundas fallas estructurales que alimentan la economía informal. Sé perfectamente el reto económico e institucional que representa para una sociedad. Sin embargo, una cosa es el debate macroeconómico sobre la informalidad y otra, muy distinta, es la distorsión ética que hacemos en nuestro propio gremio al usar su nombre a la ligera.

Fue precisamente ahí, en medio del bullicio del bulevar, donde me asaltó una profunda molestia al recordar una frase que se ha vuelto común escuchar en nuestro entorno: "Ese es un buhonero inmobiliario".


La injusticia de una analogía


Qué ligereza la nuestra al usar ese término. Qué generosos somos con los verdaderos culpables y qué injustos con el trabajador de la calle.


Al volver a mi oficina, me quedé reflexionando en el abismo que separa ambas realidades. Asociar la falta de profesionalismo inmobiliario con el comercio ambulante es un grave error de concepto. El auténtico comerciante informal, con todas las contradicciones del sistema, vive de su propio sacrificio físico y financiero. En contraste, la figura que opera en las sombras de los bienes raíces no comparte ninguna de estas dinámicas de esfuerzo.


Quienes plagan el mercado de manera irregular no son trabajadores rezagados; son, en la ley del mínimo esfuerzo, cazadores de comisiones.

  • No hay capacitación: No invierten un solo minuto en educarse sobre las complejidades legales, financieras o comerciales que rigen el mercado inmobiliario.

  • No hay estructura ni inversión: No aportan capital en plataformas digitales, fotografía profesional, redes sociales ni herramientas que agreguen valor a una propiedad.

  • Una práctica extractiva: Se dedican a "cazar" el inventario ajeno. Copian fotos de portales serios, duplican anuncios en internet y se interponen en negociaciones legítimas con el único fin de capturar un porcentaje sin haber aportado absolutamente nada al proceso.


El riesgo del patrimonio ajeno


Hay una diferencia fundamental que solemos pasar por alto: mientras que la mujer que vi en Sabana Grande solo arriesga su propio inventario y sudor, el intermediario improvisado pone en juego el patrimonio de toda la vida de un propietario o los ahorros sagrados de un comprador.


A muchos profesionales nos ha tocado interactuar con ellos; a menudo, son los mismos propietarios quienes —en su afán de lograr una negociación rápida— los recomiendan y nos ponen en contacto directo. Sin embargo, la realidad es implacable: lejos de agilizar el proceso, su falta de preparación no hace más que provocar fricciones innecesarias, retrasar los cierres, destruir la confianza del público y desvalorizar por completo la profesión.


Por eso, la analogía debe morir.


Para elevar el estándar de nuestro sector, debemos dejar de usar comparaciones condescendientes que minimizan el trabajo duro de la calle y empezar a señalar el verdadero problema con la gravedad que merece. Quien opera de esta manera en los bienes raíces no es un "buhonero".


Llamemos a las cosas por su nombre: son intrusismo oportunista.


El mercado inmobiliario actual exige transparencia, formación, tecnología y, sobre todo, un respeto absoluto por los clientes. Quien no esté dispuesto a invertir eso, simplemente no pertenece a este sector o profesión.

 
 
 

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